Érase una vez, en un lugar tan cercano a nosotros como seas capaz de imaginar, un lector enamorado de las novelas policíacas. Podríamos decir que su amor por el género era tan profundo como el olor que desprenden las bibliotecas de antaño.
Érase una vez, en un lugar tan cercano a nosotros como seas capaz de imaginar, un lector enamorado de las novelas policíacas. Podríamos decir que su amor por el género era tan profundo como el olor que desprenden las bibliotecas de antaño.
Él había escrito Decídselo al padre con una violencia que acabó por volverse contra quien escribía, demasiado infiltrado el texto por...