58 segundos (Eclipse)
He visto salir el sol tantas veces que ya no estoy seguro de haberlo visto nunca. Aparece ante mí como una enorme luz artificial, demasiado limpia algunos días, demasiado exacta, una lámpara encendida detrás del decorado de esa Matrix en la que a veces sospecho que vivo. Durante años, casi todas las mañanas, lo he observado regresar desde el mar, no de repente, porque el amanecer no sucede de golpe aunque luego lo recordemos así, sino mediante una sucesión rápida de luces que se corrigen unas a otras: primero una claridad casi enferma, apenas distinta de la noche; después una línea rojiza que parece dibujada con desgana en el horizonte; más tarde el naranja, el oro, el blanco que ya no permite mirar.