Érase una vez, en un lugar tan cercano a nosotros como seas capaz de imaginar, un lector enamorado de las novelas policíacas. Podríamos decir que su amor por el género era tan profundo como el olor que desprenden las bibliotecas de antaño.
Érase una vez, en un lugar tan cercano a nosotros como seas capaz de imaginar, un lector enamorado de las novelas policíacas. Podríamos decir que su amor por el género era tan profundo como el olor que desprenden las bibliotecas de antaño.
Es ahora, en este tiempo suspendido, cuando el reloj parece dejar de tener sentido y el aire está cargado de presagios, el momento idóne...