Érase una vez, en un lugar tan cercano a nosotros como seas capaz de imaginar, un lector enamorado de las novelas policíacas. Podríamos decir que su amor por el género era tan profundo como el olor que desprenden las bibliotecas de antaño.
Érase una vez, en un lugar tan cercano a nosotros como seas capaz de imaginar, un lector enamorado de las novelas policíacas. Podríamos decir que su amor por el género era tan profundo como el olor que desprenden las bibliotecas de antaño.
En la ciudad que soñaba con fachadas de vidrio, las luces reflejaban una melancolía de acero y neón, los parques verticales estaban en la im...